Entradas recientes

¿Sabemos lo que comemos?

hace 3 años - 20-05-2015 07:19:23-am

Enero de 2013. Irlanda da la voz de alarma: cuatro grandes cadenas de supermercados retiran de sus estanterías y de las de Reino Unido hamburguesas congeladas etiquetadas como de vacuno tras descubrir en ellas ADN de caballo. Tras extenderse los análisis al resto de países europeos, pronto quedó de manifiesto la magnitud de ese fraude alimentario, que provocó una caída en picado en las ventas de los productos que contenían carne picada y minó la confianza de los consumidores hacia los controles sanitarios en el sector de alimentación europeo.

Esta crisis, que afectó a una veintena de países (entre ellos España), se agudizó cuando las autoridades británicas detectaron la presencia de fenilbutazona, un analgésico prohibido en la cadena alimentaria, en caballos sacrificados en mataderos. Los países miembros llevaron a cabo miles de pruebas tanto para detectar este fármaco (que revelaron que un 0,5% de las muestras estaba contaminada), como análisis de productos cárnicos destinados al consumo para comprobar la veracidad de su etiquetado (algo menos de un 5% contenía ADN equino).

Aunque no afectó a la salud de los ciudadanos, el fraude de la carne equina ha sido una de las mayores crisis alimentarias de Europa de los últimos años y ha obligado a replantear el sistema de control. "La gente cree que la comida que compra en las tiendas es segura. Y cuando hablo de seguridad alimentaria, me refiero a toda la cadena, desde el suelo en el que se cultiva un alimento hasta el empaquetado", afirma Ladislav Miko, responsable de la Dirección General de Salud y Seguridad Alimentaria de la Comisión Europea, durante un seminario sobre fraude y seguridad en este sector celebrado en Milán en el marco de la Exposición Universal 2015, dedicada a la alimentación.

Lecciones aprendidas

¿Qué lecciones se han aprendido? Entre las medidas puestas en marcha por la UE para recuperar la confianza de los consumidores, figuran una nueva normativa sobre etiquetado y la creación de la Red de la UE contra el Fraude Alimentario (FFN) integrada por los 28 Estados miembros (más Islandia, Noruega y Suiza). Han aumentado los análisis de muestras, se han intensificado los controles en toda la cadena alimentaria y se ha reforzado la colaboración entre países.

"Intentamos prevenir lo prevenible. Trabajamos para evitar potenciales crisis alimentarias, pero nadie puede garantizar que vuelva a ocurrir", admite Ladislav Miko. Y es que, si algo puso de manifiesto el escándalo equino fue la dificultad creciente de controlar una cadena alimentaria globalizada, en la que un único producto puede está elaborado con ingredientes procedentes de distintos países. Una debilidad de la que se aprovechan los productores con pocos escrúpulos que pretenden aumentar su beneficio económico engañando al consumidor.

"Tenemos que estar muy vigilantes e intercambiar información rápidamente con nuestros socios", afirma Eric Marin, subdirector de la Unidad para la Lucha contra el Fraude Alimentario de la UE. Marin, subraya, no obstante, que "la comida en Europa nunca ha sido tan segura", así que pide que se interpreten estos escándalos "con perspectiva".

"Los que cometen el fraude no tienen interés en causar problemas en la salud", sostiene. Pero no por ello el impacto en la confianza de los consumidores es menor. Por ejemplo, mientras en España hay poca tradición de comer carne de caballo, en países como Reino Unido el shock en la población fue mayor por los reparos éticos que hay hacia el consumo de este animal. Asimismo, la sustitución de la carne que figura en una etiqueta por otra distinta implica un perjuicio adicional a los ciudadanos que por sus creencias religiosas no consumen determinados productos (también se detectó cerdo en carne picada etiquetada como vacuno).

Con frecuencia, el fraude alimentario no implica riesgos para la salud ni causa víctimas, aunque en la historia europea hay trágicas excepciones. En esa cronología negra sigue ocupando un lugar destacado la intoxicación masiva sufrida en España en 1981 por el consumo de aceite de colza desnaturalizado para uso industrial, que fue desviado conscientemente a la cadena alimentaria, según recogió la sentencia del Tribunal Supremo de 1989. La llamada enfermedad de la colza causó la muerte de más de 300 personas de entre las 20.000 que resultaron intoxicadas.

En 2001 las autoridades italianas desarticularon una red gestionada por la Camorra, la mafia napolitana, que exportaba a otros países de la UE mantequilla adulterada con petróleo. Incluso la leche para bebés ha sido sido el objetivo del fraude. En 2008 China detectó en varias marcas de leche infantil la presencia de melamina (una resina sintética). Miles de niños resultaron intoxicados y casi una decena murió.

Policías de la alimentación

¿Cómo de extendido está el fraude alimentario? Al tratarse de una actividad clandestina, señala Marin, es difícil obtener datos fiables. Desde que se creó la Red de la UE contra el Fraude Alimentario, en julio de 2013, los países miembros han intercambiado información sobre un centenar de presuntos fraudes alimentarios (la cifra real de ilegalidades es mayor, pues ese dato sólo recoge los casos compartidos entre miembros de la UE).

La mayor parte de las infracciones detectadas estaban relacionadas con el etiquetado de productos (información sobre sus ingredientes, la cantidad de agua que contienen o las fechas de caducidad), falsificación de certificados y sustitución de productos. Hay muchos trucos. Uno de ellos consiste en etiquetar un pescado con el nombre de otro pez de aspecto similar pero más caro. También han sido retiradas cajas de gambas congeladas que contenían una gran cantidad de agua: "Pagas hielo a precio de marisco", señala Marin, que recuerda que el fraude "no se da sólo en tiendas y supermercados, también puede ocurrir en restaurantes, cuando nos ofrecen de manera consciente un producto por otro".

En la nueva normativa sobre etiquetado, que fue aprobada en diciembre, figura la obligatoriedad de precisar la cantidad de agua añadida que lleva un producto para evitar este tipo de fraudes que hacen, por ejemplo, que una porción de carne disminuya misteriosamente de tamaño cuando la cocinamos. Es obligatorio, asimismo, que figure el contenido nutricional y los alérgenos (también en restaurantes).

"El consumidor necesita y reclama más información sobre los aspectos nutricionales y las alergias de los productos", señala Alexandra Nikolakopoulou, directora de la Unidad de Nutrición, Composición Alimentaria e información de la Comisión Europea. Y es que legislación sobre etiquetado databa de finales de los años 70 mientras que la norma sobre nutrición se adoptó en 1990.

Pero de poco sirve que la etiqueta contenga información si ésta es ilegible, "una de las quejas más frecuentes de los usuarios", según Nikolakopoulou. Por ello, la nueva norma obliga a aumentar el tamaño de la letra.

"La nueva legislación es un paso grande en la transparencia sobre alérgenos, pero es inaceptable que se haya hecho una excepción con las bebidas alcohólicas y no sea obligatorio que especifican su contenido calórico y nutricional", apunta Ilaria Passarani, directora del Departamento de Salud y Alimentación de la organización para la defensa de los consumidores europeos BEUC.

Passarani subraya la necesidad de hacer controles para asegurar a los consumidores que "las etiquetas contienen información veraz" y que no se empleen términos como "natural", que no están claramente definidos y dan lugar a confusión.

Desde la Confederación de Consumidores y Usuarios (CECU) de España, su presidente, Fernado Móner, también considera que la nueva normativa sobre etiquetado es "un paso adelante", pese al retraso en su aprobación.

Valora positivamente que se incluya el origen de la carne, "pues ha habido muchos intentos de engaño sobre ese asunto" pero considera que todavía hay aspectos que mejorar: "Por primera vez la información nutricional es obligatoria porque no se trata sólo de alimentarnos, sino de nutrirnos. Pero creemos que se debería profundizar en el contenido de grasas trans", apunta. También considera importante que haya campañas de información para que la gente entienda qué significan todos esos datos nutricionales.

Sobre la reacción de las autoridades tras el escándalo de la carne equina, Móner cree que las medidas puestas en marcha han hecho que "este tipo de abusos se estén reduciendo de manera importante". "Hay mayor control por parte de los laboratorios y de la industria, que se han dado cuenta de que si intentan tomarnos el pelo a los consumidores y jugar con nuestra salud, pueden acabar muy mal. Y por supuesto, seguimos exigiendo que continúen los controles. Porque aunque la situación ha mejorado queda mucho por hacer", señala.

En su opinión, "escándalos como el de la carne de caballo o el engorde ilegal de ganado han servido para darnos cuenta de que hacía falta mayor seguridad alimentaria. Alimentación hoy en día equivale a salud, señala". Por otro, destaca que España es uno de los países europeos donde el nivel de seguridad alimentario es mayor: "Por eso nosotros recomendamos el consumo de productos locales".

Alimentos transgénicos

A pesar de los estrictos controles de seguridad en la UE, los alimentos transgénicos (es decir, organismos genéticamente modificados OGM) siguen despertando rechazo entre los europeos. Según reflejan las encuestas que maneja la Comisión Europea, el 61% no está de acuerdo con la afirmación de que son productos seguros. "Es un asunto muy sensible, Aunque el debate y las discusiones sobre transgénicos son muy grandes, en la UE casi no se cultivan", dice Ladislav Miko.

Recientemente, la UE ha cambiado la legislación sobre OGM para permitir que los países decidan si un producto aprobado se comercializa en su territorio. 58 transgénicos están autorizados en la UE para uso alimentario y piensos (entre los que se incluyen maíz, algodón, soja, remolacha azucarera, colza).

Básicamente, en la UE hay muy pocos productos alimenticios en los supermercados, pero importamos una gran cantidad de piensos transgénicos para alimentar el ganado. "Muy poca gente sabe que Europa importa 32 millones de toneladas de piensos transgénicos al año para alimentar el ganado Brasil, Argentina y EEUU son los principales países a los que compramos soja transgénica]", señala Nathalie Moll, secretaria general de EuropaBio. "Hay un problema de comunicación", añade.

El único transgénico que se cultiva en los suelos de la UE para uso comercial es el MON 810 (una variedad de maíz transgénico). En 2013 se cultivaron unas 150.000 hectáreas en 5 países, la gran mayoría, casi 140.000 mayoría, en España). "No hay territorio en Europa para cultivar 32 millones de toneladas de proteínas vegetales para animales, a no ser que reemplacemos dramáticamente el suelo del suelo", señala Ladislav Miko.

"Dedicar el 5% de Argentina a cultivar trasgénicos no es una forma inteligente de usar el suelo", señala Marco Contiero, director del área de Agricultura y Transgénicos de Greenpeace, una organización que rechaza el cultivo de OGM. "No estamos en contra de la ingeniería genética en el sector médico e industrial", aclara.

"Es importante que diferenciemos las cuestiones relativas a la seguridad con las consideraciones éticas, económicas, legales o políticas. Si los científicos dicen que los transgénicos que se han aprobado son seguros, debería estar fuera de toda discusión", apunta Bernhard Url, director ejecutivo de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria.

Otro asunto que preocupa a la Comisión Europea es la resistencia de microorganismos a los medicamentos, debido, en gran parte, a la administración excesiva o inadecuada de antibióticos, tanto para tratar a personas como al ganado. "En 2007 nos dimos cuenta de que los animales eran un foco importante en el problema de la resistencia microbiana", señala Ernesto Liébana, uno de los responsables de la EFSA.

Acabar con el abuso de antibióticos es, por tanto, una de las prioridades: "Todos somos responsables de este problema creciente: los ciudadanos, los médicos y los veterinarios", señala Dominique Monnet, al frente del programa de la Comisión Europea dedicado a combatir la resistencia de los microorganismos. Se calcula que unas 25.000 personas mueren al año en la UE como consecuencia de las infecciones causadas por bacterias resistentes. Es decir, una cifra de víctimas equivalente a la que resultaría si cada semana dos aviones comerciales se estrellaran en Europa.

Twitter: @teresaguerrerof

Fonte:El Mundo



comments powered by Disqus